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martes, agosto 10, 2004

Cueva Maritima

A lo lejos se podía ver como la tormenta arreciaba dejando caer enormes rayos. Todavía estaba lejos y el aire olía a humedad. Dentro de la cueva se estaba fresco y desde ella, podía ver como las nubes cubrian lentamente lo que quedaba de atardecer. Cerca de mi, el mar se mecía tranquilo. Ajeno a la violencia que se estaba desatando en otra parte de el. A mi alrededor, las viejas raices de los arboles del acantilado, dejaban escapar un suave aroma a madera húmeda y unos atrevidos arbustos que se habían colado desde el exterior, aprovechando un eterno rayo de sol, rozaban mis pienas, manchandolas con sus hojas, húmedas de la humedad de la cueva.
Hace mucho calor. Y los dedos de mis pies se reconfortan estrujando la húmeda arena que cubre el suelo de la cueva.
Tal vez sea por la luz que se filtra por las nubes de tormenta, el mar aunque tranquilo, tiene un color amenazantemente oscuro. Pero las olas siguen rompiendo con tranquilidad... como invitandote a entrar entre ellas... Para dejarte llevar hacia dentro, mecido por su eterna canción. Los truenos retumban a lo lejos, y el olor a ozono, es cada vez mas intenso.El aire esta lleno de sal y eléctricidad.
La espuma de una solitaria gran ola que rompe contra las rocas de la entrada, moja mis pies denudos. Es una grata sensación. Salgo de la cueva y tomo el angosto sendero que serpentea acantilado arriba.
Es hora de irse.




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