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domingo, noviembre 28, 2004

Bajo el ardiente Sol...

Era una fotografía, algo tan sencillo como un papel en blanco y negro. Algo tan complicado como un recuerdo o una emoción atrapada para siempre en un humilde trozo de papel.
Había una mujer arrodillada en el suelo de un camino anónimo en algún lugar no menos anónimo que el nombre de ella.
Junto a sus rodillas, yacía el cuerpo de un hombre. Muerto por balas de no importa que bando. Cuando todavía su cara conservaba rasgos de juventud.
El rostro del hombre tiene una expresión de extraña serenidad a pesar de tener el pecho desgarrado por los disparos. Hay calma en su rostro. Y el esbozo de una expresión de reconocimiento final. De haber entendido.
La mujer le tiene cogida la mano izquierda, e incluso tratándose de una foto, se puede sentir la fuerza con la que esa mano todavía caliente, aferra con fuerza a la otra, gélida y sin vida. Como queriendo retener durante un latido mas, el aliento del que ya se fue.
¿Cómo se puede atrapar el dolor en una foto? ¿Cómo se atrapa la pena de un instante?
La mujer llora la perdida vana de una vida amada. Y con la mano libre se aferra el estómago. Donde están los sentimientos, según algunos. Supongo que para mitigar el miedo que ha de venir en forma de noches insomnes, de penurias cotidianas y de inciertos miedos. De tener la certeza, de que mañana, cuando despierte. El no estará junto a ella. Y sus corazones, no latirán ya mas al unísono.
Dos vidas segadas. Lagrimas derramadas sobre el indiferente polvo. Y en el seco aire, el eco lejano de los disparos.
Y el llanto de una mujer que roza con dedos como alfileres candentes, la espalda y el alma de los hombres que se alejan…

lunes, noviembre 22, 2004

Una vez vi...

Hace tiempo, vi algo que me impresiono... Era un sabado , cerca de navidad. En esa epoca intermedia en la que el aire comienza a llenarse de los sonidos y los colores propios ese tiempo tan feliz para algunos. Que no para mi.

Me encontraba en la secciónn de libros de una gran superficie. El centro comercial, se encontraba atestado de gente. Y ese era el unico lugar, en el que se podía estar parado mirando estanterías tranquilamente sin tener que soportar los empujones de la gente, ni andar esquivando sus carros de la compra.

Estaba buscando un buen libro, cuando mis pies y mis manos me llevaron hasta el pasillo central... y allí lo vi. Justo al levantar la vista de un libro del cual no recuerdo el titulo.

Eran un hombre y una mujer. No habia nada especial en ellos. Eran "gente normal".

El pasillo era un río de humanidad. Todos ajetreados, todos ajenos. Y en medio de toda esa turbulencia estaban ellos dos. Eran dos personas tan normales y anonimas para mi, como yo lo sería para ellos. Estaban los dos de pie, abrazados el uno al otro. Ambos lloraban lagrimas silenciosas. No decí­an nada, solo estaban allí­. Consolándose. Ajenos a la turba que los rodeaba. Ajenos a la cacofonia que provenia de decenas de voces.

Mirarlos, era como ver una de esas clasicas imagenes de dos enamorados frente a una puesta de sol. Un imagen casi perfecta en su simplicidad. La gente que los rodeaba, se apartaba de ellos instintivamente. No llegaban ni a verlos. Ni si quiera los rozaban. Era extraño.

Parecí­an estar en medio de una esfera, hecha de un material que no dejara pasar a nadie mas. Un lugar privado para ellos.

Solo estaban abrazados. No como enamorados, si no como dos seres humanos que buscan consuelo y santuario en un semejante muy cercano a ellos tanto en su corazón como en su alma.

Estuve mirando bastante tiempo. Absorto en la delicadeza y en la belleza de aquel acto tan humano y lamentablemente, tan poco frecuente. Al final, baje la vista, azorado. Por que sentí­, que yo era un intruso en ese "su" momento.

Caminé pasillo arriba hasta que los perdí­ de vista... Nunca he vuelto a ver a dos personas abrazandose así, de una forma tan sincera y dulce... Tan desinteresada y amable.

Juan José

lunes, noviembre 01, 2004

El Invierno Eterno (Parte 1)

Las calles estan empapadas por la fina llovizna caída hace unas horas. El creciente frio de la noche se deja sentir cada vez mas pronto y las noches son mas largas. Las luces de las casas, se encienden poco a poco, y el aire del pueblo, que se llena del reconfortante olor a chimeneas recien prendidas con madera de olivo o algarrobo.
Una tenue neblina, se levanta del húmedo suelo y los coches aparcados en las calles, se perlan de diminutas gotas de agua. A las siete de la tarde, apenas queda gente por las calles del pueblo. La gente llega de sus trabajos y se apresuran a darse una buena ducha caliente y a preparar la cena.
Los televisores se encienden casi al mismo tiempo que las estufas y chimeneas. La gente se siente reconfortada al estar en sus casas en una noche como esta. En la que el frio de la calle, entra hasta los huesos. Mañana habrá hielo en los charcos de la calle. Y muy posiblemente, pinceladas de nieve sobre las montañas.
Cuando las mesas han sido recogidas y los platos fregados, muchos, encienden un cigarrillo, que a pesar del frio, van a fumar al jardin o la terraza.
A las diez no se ve a nadie por la calle. Incluso apenas pasan coches por la carretera que cruza el pueblo. Los conductores que pasan, no ven a nadie, y solo piensan en llegar a sus casas para entrar en calor y tomar algo caliente para cenar.
Los que no conocen la zona, podrian pensar perfectamente que se trata de un pueblo deshabitado por que en realidad, lo parece. A pesar de que los neones de la galeria comercial, que a las once todavía permanecen encendidos, le dan a las calles mojadas el brillo de una vida artificial.
El frio se hace mas intenso... Las camas son abiertas, se llenan bolsas de agua caliente que se deslizan bajo las sábanas y se conectan mantas eléctricas...
La lluvia cae de nuevo sobre el pueblo, repiqueteando sobre tejados y cornisas... Se levanta un gélido viento del norte y la gente se acurruca en sus camas... escuchando hasta quedar dormidos la lluvia y el viento...
A lo lejos, en medio de la oscuridad, se escucha un trueno... y nadie lo escucha, por que estan dormidos... Estan en casa...
A su alrededor, el invierno empieza a despertar... y abre sus gélidas fauces... para engullir al pueblo en lo que será la peor ventisca de los últimos cincuenta años... y que no será recordada solamente por sus nevadas...