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domingo, noviembre 28, 2004

Bajo el ardiente Sol...

Era una fotografía, algo tan sencillo como un papel en blanco y negro. Algo tan complicado como un recuerdo o una emoción atrapada para siempre en un humilde trozo de papel.
Había una mujer arrodillada en el suelo de un camino anónimo en algún lugar no menos anónimo que el nombre de ella.
Junto a sus rodillas, yacía el cuerpo de un hombre. Muerto por balas de no importa que bando. Cuando todavía su cara conservaba rasgos de juventud.
El rostro del hombre tiene una expresión de extraña serenidad a pesar de tener el pecho desgarrado por los disparos. Hay calma en su rostro. Y el esbozo de una expresión de reconocimiento final. De haber entendido.
La mujer le tiene cogida la mano izquierda, e incluso tratándose de una foto, se puede sentir la fuerza con la que esa mano todavía caliente, aferra con fuerza a la otra, gélida y sin vida. Como queriendo retener durante un latido mas, el aliento del que ya se fue.
¿Cómo se puede atrapar el dolor en una foto? ¿Cómo se atrapa la pena de un instante?
La mujer llora la perdida vana de una vida amada. Y con la mano libre se aferra el estómago. Donde están los sentimientos, según algunos. Supongo que para mitigar el miedo que ha de venir en forma de noches insomnes, de penurias cotidianas y de inciertos miedos. De tener la certeza, de que mañana, cuando despierte. El no estará junto a ella. Y sus corazones, no latirán ya mas al unísono.
Dos vidas segadas. Lagrimas derramadas sobre el indiferente polvo. Y en el seco aire, el eco lejano de los disparos.
Y el llanto de una mujer que roza con dedos como alfileres candentes, la espalda y el alma de los hombres que se alejan…

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