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domingo, febrero 20, 2005

LA CASA DE LAS SOMBRAS

La casa, esta silenciosa. Hay un silencio grave sobre todas las cosas. Como un pesar jamás pronunciado. Similar a la lenta y errática cadencia de un corazón agonizante.
Fuera, tras las pesadas cortinas que ciegan las ventanas selladas desde el exterior, luce un brillante sol de julio.
Hace calor, y en el cercano parque, los niños juegan con los frescos chorros de agua de la fuente. Se extienden manteles sobre la fresca hierba…
Fuera todo es luz. Pero el interior de la casa, permanece oscuro e inexplicablemente frío. Incluso las partículas de polvo que flotan en los desvaídos rayos de sol que se filtran por las tejas rotas permanecen inmóviles. Expectantes.
Hace años que la casa fue cerrada. Se clavaron las puertas a sus marcos. Las ventanas fueron tapadas con pesados paneles de madera aglomerada que se inflaron con las primeras lluvias de otoño. Su puerta principal, fue cerrada con dos cerraduras, y arrojaron después a un pozo anónimo, las llaves que las abrían.
Algunas noches, en la oscuridad de la casa algo cambia en su interior. No hay nadie ni nada que pueda oler el tenue aroma a manzanas asadas que sale de oxidado y frío horno de la cocina. Nadie que pueda oír, el sonido de una gota de agua desprendida de un grifo largo tiempo seco, en una bañera que ni siquiera existe.
Nadie que pueda oír los crujidos de la escalera que lleva a la buhardilla, cuando unos pies invisibles pasan por encima de los carcomidos escalones.
Cosas todas ellas, recuerdos atrapados en el interior de la casa, como autómatas en un circo mecánico. Condenados por siempre a repetir los mismos movimientos.
Los que conocen las terribles historias de la casa, procuran no acercarse a ella ni mirar demasiado en su dirección. Incluso algunos fingen haberla olvidado.
Nadie se atrevió a derribarla en el pasado, se limitaron primero a sellarla. Luego a rodearla y encerrarla en lo profundo de una gran zona verde. Y luego construyeron altos edificios, como centinelas gigantescos, que vigilaban la pequeña y oscura casa, encerrada en si misma y oculta entre centenarios árboles.
Y a pesar de estas pequeñas muestras de actividad que da la casa. El verdadero horror, no se manifiesta abiertamente. Se oculta en los cimientos de la casa misma. En los antiguos cimientos de mil años atrás. Solo se muestra como una pestilencia que surge de las escaleras que llevan al sótano. A duras penas contenido por los sellos de los sagrados pilares que sostienen la estructura. El antiguo gusano se remueve, ciego, en su eterna oscuridad, esperando la noche final, en que los sellos serán rotos por manos inocentes. Y este acto, esparcirá el dolor y el fuego del fin de los tiempos de la subespecie que es el hombre. Que será sustituido por la antigua raza de los Yiggnughsharat, que perviven en lo profundo de las estrellas mas pálidas y lejanas.

En memoria de H.P.L

Juan José.
Buenas noches a todos :-)