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miércoles, junio 15, 2005

Deseos.

-Veras querido amigo. Una de las cosas que más dolor nos causa y nos esclaviza, son nuestros deseos. Lo que deseamos nos hace sufrir. Las más de las veces hace que al final, los medios no justifiquen el fin.
Conozco mucha gente que se ha pasado los mejores años de su vida deseando cosas. Amargándose y haciendo sufrir a los demás por no tenerlas. Haciendo locuras solo para estar un poco mas… cerca de sus deseos. Lo cierto es que en la inmensa mayoría de los casos no han conseguido lo que se proponían. Y cuando se han querido dar cuenta de que lo que sus corazones deseaban, no era mas que una imagen de su propia debilidad. Han mirado a su alrededor y solo han visto las pocas cenizas que quedaban de las cosas que sacrificaron. Que ya no volverán por que ellos las mataron.
- Pero en algunos casos merece la pena ¿no?
- No, creo que nunca merece la pena sacrificar nada por un deseo. Los deseos son cosas peligrosas y muy dadas a concesiones pírricas. Lo cierto es que no conozco a nadie que haya obtenido aquello que deseó con todas sus fuerzas, en muchos casos durante toda su vida. A lo sumo, un triunfo a medias. Tan insatisfactorio como un lienzo en blanco y tan inútil como una pintura incolora.
Es un pensamiento budista. Aquello que posees terminara por poseerte. Y lo que has deseado, cuando lo obtengas te amargará en la boca.
-¿Entonces no deberíamos desear nada? ¿Qué aspiraciones tendríamos entonces?
- Veras, desear en si, no es malo, como pensamiento. Pero se convierte en un monstruo peligroso cuando comenzamos a perseguir aquello que deseamos. Cuando nuestra vida y nuestro entorno, esta condicionado por aquello que no tenemos.
En cuando a nuestras aspiraciones. Podemos aspirar a todo lo que nos ofrezca la vida. Tener ilusiones. Y sueños.
Lo que no podemos ni debemos hacer es mirar hacía la cima de la montaña, sin haber visto antes su base y los caminos que deberíamos seguir para llegar a la cumbre.
Para poder decidir desde el principio, si en verdad merece la pena andar esos caminos aún a riesgo de perder en ellos nuestra virtud de seres humanos.
Un abrazo.

Juan Jose.

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