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miércoles, octubre 05, 2005

DONDE RESIDE EL AMOR

Se acerca moviendo con gracia natural, sus delicadas formas por la calle. Avanza entre la multitud que siembra la calle con la suavidad del trigo al ser mecido por el viento. En sus labios la sombra de una sonrisa y en sus ojos el brillo de una promesa. Algunos hombres levantan los ojos de sus cansadas vidas y al mirarla, por un instante creen de nuevo en aquello que dieron por perdido.
El discreto, pero elegante vestido, se ajusta ligeramente a sus caderas y le da al conjunto de su cuerpo el movimiento ondulante de la superficie del mar.
Su cabello se derrama sobre su espalda y sus hombros, como un manto de alas de cuervo.
La mujer se detiene y observa a la multitud que la rodea. Que pasa a su lado sin detenerse, con la monotonía y la impersonalidad de la estática.
Busca entre caras anónimas algo conocido, algo que ella espera y desea. Alguien sin nombre se detiene tras ella y la llama por uno de sus muchos nombres. Ella se da la vuelta con suavidad y, al verlo sonríe.
El la toma de la mano y la guía como a una ciega hacia un oscuro portal. Ella se deja llevar y sonríe como una novia el día de su boda.
Un recibidor mal iluminado, que lleva a una escalera que cruje de forma amenazadora bajo sus pies los lleva frente a una puerta cerrada con llave.
En la voz de él hay urgencia y ansia. Ella saca una fina llave dorada de la dulce curva de su cuello y con un elegante giro de muñeca abre la puerta.
Ella no dice una sola palabra, el la conduce a la penumbra de la habitación y con sus fuertes manos desliza el vestido por sus suaves hombros. La tela se derrama por su cuerpo con un susurro. Ella luce esplendorosa, en toda su desnudez, en medio de una habitación en la que solo hay una cama y un espejo empotrado en la pared. El se desnuda presuroso y la conduce hacía la cama. Y le hace el amor. Ella lo besa y el entre sorprendido y excitado le corresponde con la misma pasión.
Los dos yacen sudorosos y agotados entre las arrugadas sabanas. Ella le acaricia el velludo pecho con ternura. El la mira y una esperanza, como una luminosa semilla se forja en su corazón, la mira con intensidad. Y en la penumbra de la habitación se da cuenta que ella ya lo esta mirando con la misma intensidad.
Ella le susurra al oído.
¿Me amas?
El parece pensarlo y durante un segundo siente que en verdad la ama. Pero antes de decirle que no, que su amor es imposible y que nuca podrá amarla.
Ella ya le ha desgarrado el pecho con un terrible crujido de carne y huesos rotos. La sangre salpica las paredes y empapa el colchón… Ella busca con frenesí con sus delicadas manos entre el amasijo roto de vísceras, en busca de la carne mas preciada. La siente palpitar en sus últimos espasmos. El hombre gorgotea su último aliento en grandes y rojas burbujas.
Ya tiene el preciado músculo… lo lleva a sus labios. Sus pequeños y blancos dientes, desgarran con ansia la carne y absorben el preciado fluido…
Y no… no esta… su fina boca se tuerce en un mohín, casi infantil, de decepción. Con una mano, rebusca de forma metódica entre los despojos del hombre durante varios minutos. No esta.
Se levanta de ruina que yace en la cama al tiempo que su carne se funde y cae al suelo. Dejando ver el espanto de su verdadera piel, llena de púas, llagas y terribles escamas de bordes aserrados. Ya nada queda de la hermosa mujer.
El ser, mira hacia el espejo y en un idioma olvidado por los hombres por lo terrible de su origen. Murmura hacia su reflejo…
“No esta aquí”
La superficie del espejo. Ondula…  se cubre de una escarcha movediza que desprende un terrible olor a muerte y desolación. Que la criatura no percibe, pero que fácilmente podría matar a un ser humano.
Una voz sin emoción, surge del lechoso espejo.

“Hay que seguir buscando”
“Una vez encontremos la llama de amor”
“Cuando conozcamos donde se origina”
“Controlaremos ese órgano/lugar”
“Y nos encargaremos de que ya nunca y por siempre jamás”
“Se encienda ese sentimiento en los corazones de los hombres”
“Entonces marcharemos sobre la tierra”
“Junto a los que han sido marcados”
“Puedes retirarte”

La habitación quedó en penumbra, si es que alguna vez hubo alguna luz en ella.
El chico bajó las escaleras con paso rápido. Una sonrisa en los labios y una ramo de rosas perfectas en la mano.
En la calle el ruido de la multitud llena el cálido aire de principios de verano.
Hay promesas y hay esperanzas en todas partes. Las mujeres miran a ese chico tan elegante y guapo…con un precioso ramo de rosas, rojas como la pasión y espinosas como el deseo.
¿Hay posibilidades? Se preguntan.
Pero la pregunta mas importante es… ¿Dónde reside el amor?


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