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sábado, octubre 22, 2005

Exitus

Al principio solo fueron unos cuantos casos aislados. En lugares lejanos y en su mayoría de nombre casi impronunciable. Nadie hizo demasiado caso a las pequeñas notas que salían en las revistas sensacionalistas, que igual hablaban de ovnis y del yeti como de las infidelidades de alguna estrella del pop con su vecina adolescente y posiblemente de origen marciano. Lo cierto es que no nos lo tomamos en serio. Nadie lo hizo. Joder, algunos todavía no se lo creían cuando los 40 Principales dejaron de poner música (es un decir), para dar solo los boletines de avisos del gobierno. Yo creo que cuando una emisora como esa, deja de poner sus canciones ñoñas, es que la cosa esta muy, muy jodida. Pero algunos empezamos, tal vez de forma inconsciente, a comprar comida de mas cuando se íbamos al hipermercado. En un mes, no se escuchó nada mas sobre el tema. En ningún lado. Durante ese tiempo, el invierno terminó de forma abrupta. Como el matón que deja de pegarle a su victima y se asusta y se larga, cuando descubre que esta ha dejado de respirar. Fue un invierno muy duro. Incluso nevó en el pueblo, donde hacía cincuenta y dos años que no caía un solo copo de nieve. La primavera entró de forma gloriosa. Fue sorprendente y muy hermoso. Todo parecía como recién lavado, como nuevo… Incluso el viejo Sopps, que regía la gasolinera con mano de hierro, se dignaba en mostrar sus sonrosadas encías y su único diente, en una media sonrisa. Algo poco frecuente, si señor. Y con la primavera, llegaron las noticias. Esta vez todos sabíamos donde esta el sitio del que hablaban. Paris. Francia. Nos quedamos pegados a las televisiones mirando las noticias. Fue tremendo. Toda la morgue del L´Hôpital de les Martyrs se puso en pie. En la televisión, salía un gendarme hablando de forma nerviosa frente a la entrada principal del hospital. La traducción era dubitativa y confusa… y no nos enteramos bien. La noticia era en directo y toda parecía muy caótico. Entonces apareció la primera de esas cosas, es decir, el primer muerto viviente que vimos todos en nuestra vida. Era una mujer, o lo había sido, estaba… deshilachada, por decirlo de alguna manera… de su cuerpo… bueno… tenia las tripas colgando. Salió por la puerta principal repartiendo mordiscos y trozos de si misma a quienes intentaban detenerla. El gendarme salió del plano de la camara y segundos después se escuchó un disparo. Nos quedamos boquiabiertos viendo como los sesos de la mujer, salían como un surtidor de su cráneo y se estampaban parte contra el suelo y parte contra un sorprendido primero e histérico después enfermero… Eso si que era televisión en directo… La conexión se corto. Los locutores de las noticias se quedaron mirando fijamente a la cámara como si los hubieran pillado fornicando. Luego continuaron como si nada hubiera pasado. Dijeron que “retomarían la conexión en breves momentos”, pero no lo hicieron. Durante tres días de confusas noticias, se nos dijo, que estaba pasando lo mismo por toda Europa y que ya había algunos casos en América… Hasta en Portugal. Joder, allí se habían merendado todo un autobús de pensionistas lusos… Los muertos se estaban levantando… por todas partes. Durante varios días la televisión se llenó de videos de esas cosas. Atacando un supermercado repleto de gente, siendo abatidos a tiros por el ejercito… pero el que mas me impacto fue ese en el que salía una enorme pira hecha de cuerpos que se estremecían y retorcían mientras eran consumidos por las llamas… ese video no me dejó dormir durante días…. Estaba pasando por todo el mundo. Se levantaban de sus putas tumbas y la emprendían a mordiscos con los vivos. Y no solo les mordían, se los comían… como quien se come una manzana de caramelo. Algo sencillo. No había mas lugar a explicaciones. Algunos habíamos visto viejas películas de zombis y ya conocíamos las “reglas”… y lo que es mas importante… lo que había de venir. Luego empezó en España. Empezó aquí, creo que fue el primer caso. En mi pueblo. Un chico joven del pueblo, se mató en un accidente en una fábrica. Estaba pasando cables de una instalación eléctrica por unas vigas, a trece metros del suelo, cuando resbaló de la plataforma elevadora en la que se encontraba. No había puesto el pasador de seguridad de la barandilla, y esta se abrió cuando todo su peso quedó apoyado en ella. Se rompió el cuello y se le aplastó el tórax. Una muerte trágica… En los pueblos pequeños, todos nos conocemos. Prácticamente todo el mundo estaba en la iglesia, a pesar del calor. Todos conocíamos de forma directa o indirecta a ese muchacho o a sus familiares… Sus amigos lo llevaron a hombros desde su casa hasta el altar. Una buena tirada, donde, a pesar del calor y lo duro del momento, ni uno de ellos flaqueó. Todo fue muy emotivo, la verdad. Terminó la ceremonia y lo volvieron a coger para llevarlo hasta el coche fúnebre que lo llevaría hasta el cementerio, que distaba del pueblo unos dos kilómetros. Entonces, a mitad de la nave central de la iglesia y en medio de un respetuoso silencio. Se escucho un fuerte golpe. Los muchachos que llevaban al difunto, se quedaron parados. Mas bien diría, helados. Y haciendo pocas ceremonias, dejaron caer el féretro al suelo. Al tiempo que se alejaban de él, pálidos como y nunca mejor dicho, un muerto. En la iglesia no se movía una mota de polvo. Se escucho otro golpe y la tapa del ataúd se movió. Luego ocurrió algo, que los que estábamos cerca, debimos haber previsto. La mujer del difunto, una chica encantadora a la qaue todos conocíamos, se lanzó sobre el ataúd y llorando histérica, manoteo la tapa del féretro y esta, tras otro fuerte golpe desde dentro, se abrió. La gente salió de pronto de su parálisis y se lanzó de golpe hacia las salidas. Pero yo me quede lo justo para ver como la joven esposa abrazaba entre gritos, no se si de pena o de terror a lo que salió de dentro de la caja… Eso, le mordió en el cuello y la estrujo contra su cuerpo muerto, mientras ella, ahora, se debatía por liberarse. No me quedé a averiguar si lo conseguía. Fui un cobarde, pero ¿qué podía hacer? Después de eso. Nos encerramos en casa. Hicimos lo que nunca debimos hacer. Nos aislamos los unos de los otros. Si que es verdad, que en los primeros días de la “crisis”se formaron algunos grupos de hombres que salieron a “defender y proteger” el pueblo. Incluso algunos se arriesgaron a traer provisiones para sus casas. Pero pronto volvieron, diezmados y aterrorizados, cuando no lo hicieron arrastrando sus muertos pies por la vacías calles del pueblo. Así que hicimos lo único que pudimos hacer. Ver la televisión. Las emisiones en directo duraron apenas cuatro días. Luego fueron sustituidas por los boletines de emergencia del gobierno. Todas las emisoras de radio emitían las mismas noticias. Esas, esas cosas, estaban por todas partes… Hablábamos por teléfono entre nosotros, pero a la semana y media, las líneas terrestres se cortaron. La luz duró menos. Seis días. Móviles…nada, fuera. La comida empezó a escasear hace tres semanas… algún día tendré que salir. En el garaje tengo mi coche, a Dios gracias con el depósito casi lleno. Tengo mucho miedo por que no se si me dará tiempo a abrir la puerta del garaje… antes de que esas cosas se metan dentro de mi casa. Si fallo no habrá vuelta atrás. Desde mi terraza, he visto a algunos de mis amigos y a uno de mis vecinos… Creo que tienen alguna especie de memoria que los atrae a un lugar en concreto… El otro día, vi a una de esas cosas intentar abrir la puerta de un coche… parecía un gesto de lo mas normal y fluido… como si…recordara algo… Ya hace cuatro días que no veo a nadie con vida. El último, fue a Samuel, el vecino del octavo adosado. Salió a la terraza. Me saludó y sin decir nada mas, se metió de nuevo en su casa. Estaba muy delgado. Por la noche escuche un disparo… Ya no salgo ni al jardín. El olor es demasiado fuerte. Supongo que quedará alguien mas que yo, vivo en el pueblo. Pero ni los veo ni los oigo. Si al menos tuviera un arma… tal vez tuviera una oportunidad para escapar o para morir fácil y rápidamente. Me asusta el silencio en el que esta sumido el pueblo. Esas malditas cosas no emiten ningún sonido. Eso me da miedo. Solo, de vez en cuando algún débil lamento… o algo que suena a eso… Si raciono lo que me queda podré aguantar casi dos semanas… después de eso…. No se…
Continuara (o no…)
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Las peliculas de zombis siempre me han gustado a rabiar. Este cuento es un pequeño homenaje a todas esas peliculas y a todos esos cuentos sobre muertos vivientes que tanto me han asustado y que tan buenos ratos me han dado. Recomendación. Leed un cuento de Stephen King llamado "Parto en Casa" es muy bueno... Un abrazo y buenas noches a todos.

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