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sábado, agosto 05, 2006

CAMPO DE BATALLA

Ya llega.
Siento como la sangre se agolpa tras mis ojos. Por un segundo dejo de respirar, extasiado ante la descarga de adrenalina. Borracho de vida.
Mi campo visual se tiñe de rojo al tiempo que los fuertes músculos de mi cuerpo se tensan.
Enseño los dientes y mi lengua retrocede dentro de la boca. Mi cuerpo se inclina hacia delante dispuesto a saltar, a correr, a despedazar …
Mis manos aprietan con fuerza el mango del hacha. Noto su reconfortante y letal peso en mis brazos. Coloco la hoja a la altura de mi sien y por el rabillo del ojo, veo su perfecto y afilado perfil. El mate de la hoja y el apagado brillo del filo.
Ante mí, cien metros de suave y fresca hierba, me separan de una barrera de escudos erizados de espadas y lanzas. En esa masa oscura, se escuchan gritos y el inconfundible silbido del acero al salir de multitud de vainas …
En mis oídos rugen los golpes que mis compañeros dan en los escudos con sus armas. Noto en mis pies el retumbar de cientos de pisadas tras de mi.
Huelo el sudor acre de mis compañeros. Y mezclado en el, el aroma de la batalla, mezcla de miedo y determinación.
En medio de ese clamor suena un cuerno, grave y profundo como el rugido de un dragón, los hombres gritan y se lanzan contra el enemigo levantando sus armas al cielo.
Ya están cerca … Se perfilan sus cuerpos contra el sol … De mi garganta sale un grito de odio … de emoción y miedo.
Levanto mi hacha y la descargo contra alguien, oigo el chasquido del craneo al partirse y acto seguido tiro con todas mis fuerzas para desencajar mi arma del cuerpo … Hay alguien tras de mi.
Noto frío en el pecho … Y hay silencio …
Estoy rodeado de hierba fresca, el sol brilla y ante mi hay un hombre joven rodeado de sus amigos y familia. Una dulce brisa refresca mi cuerpo y hace que mis cabellos se alboroten como cuando era un niño. Estoy desconcertado.
El joven ante mí, ríe abrazado a la que parece su mujer, como solo lo hacen los jóvenes que saben que tienen toda la vida por delante. Su risa es fresca y limpia, sin las notas cínicas y amargas que da el desencanto.
Entonces me mira, con sus ojos azul profundo. Ya no tengo miedo.
Me saluda con una inclinación de cabeza y desaparece en una bruma surgida de la nada.
Unas manos cálidas me rodean el pecho y una voz amable y conocida me susurra al oído...
Estoy en casa.
El gorrión mira desde su árbol el prado que se extiende ante el … Ha visto la batalla y vio lo que quedó tras ella. Siempre es igual.
Ahora en la fina hierba que crece firme sobre un suelo regado con sangre, los padres extienden vistosos manteles y los cubren con abundante comida y bebida … Los niños corren, saltan, y miran … y en ocasiones, detienen sus juegos y risas y escuchan el viento que trae sonidos extraños.
Y algunos, solo algunos, como el humilde pájaro, ven …

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Quería escribir un relato bien sangriento y me ha salido esto. Supongo que sera por el calor y por trasnochar tanto. Un saludo a todos.
Escribid y comentad como siempre.

Juan Jose

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