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martes, octubre 10, 2006

El Mar de Luces

Desde aquí puedo ver como las luces de la ciudad se pierden en el horizonte.

Es una marea anaranjada, veteada de líneas multicolores. Donde se mezclan la frialdad de las luces blancas que iluminan los barrios residenciales, y la desesperanza de esa especie de naranja sucio, ideado para iluminar polígonos industriales y barrios obreros.

En conjunto, todo tiene una extraña belleza. Y solo con pensar en los millones de vidas que transcurren bajo esas luces, me siento terriblemente abrumado. Creo que ya no queda esperanza, al menos no aquí.

El aire nocturno es desagradablemente cálido y la humedad satura el ambiente.

Estoy oculto en las montañas cercanas a la capital.

Muy lejos del extrarradio de la ciudad. Oculto bajo una manta plástica, que me aísla de la lluvia, pero me hace sudar a mares.

Puedo ver las nubes bajas que cubren el cielo de la ciudad. Y de cuando en cuando, con mi telescopio, ver lo que baja de ellas. Para con suerte, conseguir la primera fotografía.

Parecen largos tentáculos que se deslizan por las fachadas de los edificios, descolgándose hacia la calle. Pero la gente no los ve. Parecidos a los hilos de una medusa de esas que salen en los documentales o como las que invadieron el mar este verano. Tal vez las medusas fueran un preludio. Una señal, no se.

Una vez ví como uno de ellos se deslizaba en una alcantarilla, junto a unos operarios y estos ni se dieron cuenta. Son invisibles… hasta cierto punto.

Digo esto, por que a su paso, parecen traer cosas malvadas al mundo de los hombres. Como accidentes, y extrañas criaturas que salen por las noches de profundas alcantarillas. Son como enormes ranas casi transparentes. Pero horriblemente parecidas a hombres deformes.

Yo las he visto salir reptando de la oscuridad…Esas son las únicas marcas que dejan en este mundo. Estoy aterrorizado. Hace semanas que mis sueños están plagados de horribles pesadillas.

Esta noche, las nubes parecen hervir como una caja de harina infestada de gusanos. Nunca había visto tantos.

Solo aparecen en las noches de lluvia o cuando hay bruma.

Reptan por las calles, y a pesar de su invisibilidad, se arrastran por las sombras, como si estas les dieran alguna clase de fuerza desconocida.

Incluso he visto gente que es envuelta en estos tentáculos gigantescos y no se enteran.

Días después, esta gente muere o desaparece de forma misteriosa. Pero no todo ocurre así.

Algunos desaparecen para luego volver… pero ligeramente diferentes. Siempre caminan muy erguidos, como si algo tirara de ellos hacia arriba. Lo se por que los he visto por las calles y por que un compañero de trabajo desapareció hace una semana. Días antes, durante una tormenta vi como un zarcillo de oscuridad bajaba de una nube y lo rodeaba… cuanto horror sentí.

Pero a los tres días estaba en su puesto de trabajo. De pie, completamente erguido y mirando fijamente un punto infinito en el techo de la oficina. Haciendo caso o miso de nosotros. Esto duro cinco minutos. Luego se sentó y se puso a trabajar, como si nada hubiera ocurrido. Por la tarde, saltó por la ventana y murió aplastado quince plantas mas abajo. Yo creo que cuando estaba mirando el techo, ya esta muerto.

Es agotador vigilar una ciudad entera. Solo salgo cuando las nubes amenazan lluvia. En las noches claras y con luna, no aparecen. Pero siempre que he salido, me he sentido extrañamente vigilado por algunas de esas lejanas estrellas de nombre todavía desconocido u olvidado… es una sensación desagradable.

Desde que empezó todo esto, tengo unos extraños sueños. Están llenos de una oscuridad que parece viva, y poblados de susurros y extrañas letanías.

Tengo la esperanza de no ser el único, ya que el otro día, pude ver las luces de un coche que subía por una pista forestal justo a mi derecha.

Durante un rato, deje de vigilar a un enorme tentáculo que parecía hecho del mismo humo que se produce al quemar una neumático, para ver lo que hacía quien quiera que fuese en ese coche.

Coloque el filtro nocturno y con el puede ver a una mujer joven y embarazada, que bajo la llovizna enfocaba unos prismáticos a la ciudad, desde la distancia pude ver su cara de horror.

Ya somos dos.

La próxima vez, la buscaré. Y juntos, buscaremos a otros, no se con que fin. Pero si que se que hay algo que se acerca y que hay que luchar contra ello.

Algo que una noche de tormenta, se descolgara de esas nubes densas, para hundirse de nuevo en las mismísimas entrañas de la tierra, de la que fue expulsado evos atrás…

Lo hará para llenar la tierra de horror y muerte. Y esclavizar como hizo antaño, a todo lo que vive en la superficie del planeta.

En un tiempo inmemorial fue expulsado por unos seres que vinieron de ciudades pedidas entre los hielos del norte, o de lo mas profundo del abrasador desierto de Gobi. Fue una terrible batalla de luz y oscuridad.

Espero que estas criaturas, donde quiera que estén, perciban la amenaza que se vuelve a cernir sobre todos nosotros. Y todavía puedan hacer algo.

Hay que impedir a esa eterna oscuridad que baje de nuevo a la tierra.

Si eso es todavía posible.

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Este cuento está dedicado para una persona muy especial para mí. Que vive en un mar de luces. Y que no esta rodeada por ninguna clase de oscuridad… Que me pidió una hermosa historia llena de cosas buenas y no he podido satisfacerla… de momento.

Nena, eres la luz mas hermosa y brillante del océano de estrellas en el que vives…

El Norte de mi Corazón.

P. Un beso.