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jueves, noviembre 20, 2008

El mar de Luces II

Hoy he visto a otro.

Fingía caminar ociosamente por la calle mirando los escaparates de las tiendas. Pero en realidad estaba cazando. Husmeaba las presas. Y mientras tanto en su mente sucia y viscosa, un negro gusano, se relamía ante los placeres y sensaciones que le daría esa palpitante carne viva, mientras la devoraba.

Tuve que apartar la mirada. No podía soportar durante mas tiempo el asco y la repugnancia que sentía hacia semejante criatura.

Las empecé a ver hace unos meses.

No me paso nada en especial. Es decir, no empecé a ver esas cosas a raíz de algún suceso insólito que me cambiara, simplemente ocurrió. Un día me desperté y vi que lo que dormía a mi lado no era mi mujer. Su cuerpo era… translucido y pude ver como dentro de ella se agitaban esas cosas, como anguilas dentro de una bolsa de plástico. Pensaba que estaba soñando, y empecé a respirar rápidamente. Entonces abrió los ojos y me miró. Y en ellos vi el hambre contenida.

Me caí de la cama y eso se levanto. Su voz fingía preocupación. Pero de las puntas de sus dedos brotaron algo parecido a las lombrices, pero con una especie de aguijón en el extremo. Este detalle se me grabó a fuego en el cerebro. Se me acercó lentamente y me arrinconó junto a la puerta del baño. Me miró con unos ojos que parecían una ciénaga. Con una sonrisa helada, me pregunto que me ocurría. Mientras que con una de esas extremidades, me acariciaba los genitales. Su cara pareció licuarse y por el hueco que parecía ser la boca salió un liquido negro plagado de cosas que serpenteaban y se enroscaban una sobre otra.

No sé como, puede coger una lámpara de esas tan caras de cristales de colores, que nos había regalado la madre de esa cosa que hasta hacía solo instante había pasado por mi mujer. Le dí un golpe en la cabeza a ese ser, y pude apartarme unos segundos de el.

Eso me persiguió por la casa. Gruñendo y haciendo un extraño ruido, como de agua dentro de un barril, al moverse. Fue una lucha feroz, en la que perdí tres dedos arrancados de un mordisco y tuve una infección en la espalda por las picaduras de esas cosas parecidas a lombrices que le salían de las manos.

Pero acabé con ella. Corrí hasta el sótano y cogí una vieja pala oxidada que teníamos (tenía) para arreglar el jardín. En medio del dolor de las picaduras y de la mutilación, pude cortarle la cabeza a esa cosa. Me fue muy justo, ya estaba al límite de mis fuerzas.. No llamé a emergencias. Mi mente era una nube roja de dolor y miedo. Fui tambaleándome hasta la cocina y me puse hielo en la mano e intente desinfectarme las picaduras de la espalda. Entonces me desmaye.

Las horas pasaron en una bruma de dolor y fiebre. Y tres días después pude levantarme del mismo suelo de la cocina. No se como pude sobrevivir. La garganta me ardía y arrastrándome, llegué a la nevera y pude beber un vaso de agua que me supo a gloria. A partir de ese momento empecé a recuperarme.

Un día después.

Del cuerpo solo quedaba una mancha viscosa en el suelo. Una sustancia parecida a la silicona, transparente, pero veteada de líneas negras. Poco a poco me fui recuperando. Y entonces empecé a pensar. Hacía cuatro días que había matado a… eso. Y en esos cuatro días nadie del lugar donde trabajaba se había preocupado por ella.

Si lo hubieran hecho, alguien habría llamado a la policía o algo y tal hubieran entrado en casa... La posibilidad me heló la sangre. Lo que había sido mi mujer, trabajaba en un colegio. No muy lejos de donde vivíamos. Nadie se preocupó por ella en todo este tiempo.

Es viernes por la tarde y las clases hace una hora que han terminado. Sin embargo, en la parte de atrás del colegio, hay una decena de coches aparcados. La mano mutilada me duele. La tengo envuelta en unas vendas, y a pesar de la hinchazón, llevo puesto un guante al que le sobran tres dedos. Hace frio. Por las ventanas no se ve nada y en el aire hay un fragante olor a naranjas. Al menos huele así, supongo que sale de uno de los almacenes que están a la derecha del colegio.

Se abre una ventana. Una cosa parecida a un pulpo, pero de color verde y amarillo, se ha asomado a una ventana de la tercera planta y parece que me mira fijamente con esos ojos de avispa. Agacho la cabeza y camino hasta la esquina intentando ver algo por el rabillo del ojo.

Sigue ahí. Un fluido transparente moja la ventana donde está apoyada esa cosa. Ha empezado a mover las mandíbulas, como si masticara rápidamente algo. Hay un zumbido. Lo noto.

Salgo corriendo.

Fui a casa y recogí todo lo que pude meter en el coche. Saque todo el dinero de mis cuentas y compre un arma de fuego. Salí de la ciudad y me alojé en un motel. La llave me la dio una solicita babosa segmentada, parecida a una cucaracha, a la que fingí no ver. No entré ni en la habitación. Salí disparado en dirección este. Hacia el mar.

Parece ser que soy el único que las ve. Y soy un cobarde. ¿Qué puedo hacer? Me pregunte. Fingí no verlas, y cada día se hacía más insoportable. Vivía de mis ahorros y de hacer algún que otro hurto. Empecé a beber demasiado. Hasta que un día el gordo de la tienda de licores, al ir a comprarle totalmente borracho una botella de vodka para terminar de joderme, me llevó a un cuarto sucio que tenía en la parte de arriba de la tienda.

Me sentó en un sofá desvencijado y me dio una bofetada. Yo me levante tambaleándome y e intente responder al golpe. Falle y me volvió a pegar. El último golpe me dejo inconsciente y lo último que recuerdo es ver como se me acercaba a mí, diciendo… que pena…chico…que pena.

Desperté en una cama limpia. El gordo estaba a los pies, y una chica estaba a mi derecha. Eran normales. La chica me miró a los ojos y me pregunto… ¿los ves, verdad?

Yo asentí.

Nadie sabía de dónde venían. Simplemente empezaron a ocurrir cosas. En ocasiones cuando intentaban cambiar a las personas, estas enloquecían y terminaban por suicidarse. Incluso tenían una grabación de video en la que se veía como una especie de bruma en forma de tentáculo descendía de una densa masa de nubes sobre una ciudad. Esa cinta la grabó un hombre hace menos de un año, desde las montañas que rodeaban la ciudad.

¿Qué eran esas cosas? Alienígenas… demonios… nadie lo sabía. Solo se sabía que se podían matar. Y que el hecho de que unas personas los pudieran ver y otras no, residía en una partida concreta de medicamentos, concretamente, unas vitaminas para la visión, fabricadas por una oscura farmacéutica con sede en Noruega.

La empresa ya no existía, había volado, literalmente por los aires en el accidente industrial más grave de la historia de ese país. Justo después de una terrible tormenta de nieve. Murieron trescientas personas. Los medicamentos, pudieron ser distribuidos un día antes del accidente.

El grupo que me acogió, tenía cajas con esos medicamentos. Pero quedaban muy pocos frascos llenos.

Con el tiempo, nos organizamos para captar a otras personas. Enseñarles la verdad. Pero descubrimos que no todos estaban preparados para saberla. Tuvimos varios suicidios.

Sabíamos de la existencia de otros grupos como nosotros. Pero las comunicaciones eran sumamente peligrosas y solo lo hacíamos muy de cuando en cuando. Su número de miembros variaba, había grupos de solo cinco personas y grupos de cómo el mío de más de cien. Al finál todos los que teníamos medios nos unimos para cazarlos. Los grupos más pequeños, solo se dedicaban a observa y marcar las zonas de caza u objetivos.

De eso hace un año y medio. Las noticias, llaman a nuestras acciones actos terroristas. Pero nunca muestran cadáveres. Solo ataúdes, que sabemos que están vacíos. Hay gente nuestra entre la policía. Incluso hay un juez que tuvo que matar a su hijo, cuando este, en forma de babosa, le intentó arrancar las tripas a mordiscos. Lo más terrible, es que parece que hay gente, humanos como nosotros, al servicio de esos seres.

Esas cosas llegaban con las nubes de lluvia. Vigilábamos el cielo todo lo que podíamos en esos momentos para ver por donde bajaban. A nuestros ojos, la tierra ya no parecía la misma. Pero lo que más miedo nos daba, era ver como personas normales, caminaban, junto a seres monstruosos. Que dios nos ayude.

miércoles, noviembre 12, 2008

ZEITGEIST: ADDENDUM

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Segunda parte de del famoso documental Zeitgeist, que tanta polémica trajo tras su estreno en Internet. Tienen una legión de detractores y de admiradores apabullante y sobre ellas se han mantenido acalorados debates. Recomiendo su visionado a personas de carácter templado para que luego puedan sacar sus propias opiniones. No recomendada para anti -sistema y conservadores de animo volátil.

Pero la eterna pregunta siempre será. ¿Quien miente a quien?

ZEITGEIST: ADDENDUM

ZEITGEIST: THE MOVIE

VAMOS A VER

Estoy probando nuevas formas de acceder al blog. Si todo va bien, en los próximos días, empezaré a subir nuevos post. Bien con relatos, o con las cosas curiosas que me pueda encontrar por la web.

Un saludo.